"A raíz de mis relaciones recién establecidas con los empleados de la ogrocorporación me he dado cuenta de que hay un puñado de amantes de la música muy honestos y sinceros que se hacen pasar por el enemigo para infiltrarse en los mecanismos del imperio y contribuir así a la destrucción de lo que todos reconocemos desde hace ya demasiado como rock de mierda: basura prefabricada, concebida como un negocio incestuoso y político que emplea una cortina de humo para obstruir las arterias de la honradez y el verdadero talento, manteniendo a aquellos dispuestos a lamerle el culo a la falta de riesgo, de retos y, lo que es más importante, de méritos, en la cima del montón. El montón de mierda. El estercolero que empieza por los lameculos y va subiendo hasta la cima, donde se encuentra la guinda, es decir, la prensa de la vieja escuela, que mira desde lo alto a los polluelos con los ojos aún cerrados y los alimenta con gusanos deshidratados. Pero empleados amantes de la música seguiremos serrando el estercolero por la base y si no lo conseguimos nos limitaremos a esperar hasta que la guinda se pudra de rancia y vuestra histórica descomposición nos servirá de referencia o como cuento espeluznante, de recuerdo o como advertencia para que la próxima vez sembremos las semillas más cerca de un ano más limpio.
No habéis logrado condicionar a los jóvenes del averno que habéis engendrado. Y vosotros mismos deberíais haber sido pañuelos de usar y tirar o huevos asexuados de esperma escalfado frito o revuelto. "

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